Rencontre avec l'écrivain vénézuélien Ednodio Quintero
A l’occasion de la publication de l’ouvrage Le Combat et autres nouvelles
Rencontre en espagnol proposée par la Maison de l’Amérique Latine en Rhône-Alpes, l’Institut Cervantes, et l’Ecole Normale Supérieure de Lyon, dont les élèves ont traduit les 24 nouvelles présentées
La rencontre sera animée par François Delprat, professeur émérite de l’Université de la Sorbonne, Paris III.
A partir de cette anthologie, l’éditeur lyonnais A plus d’un titre lance la collection ATHisma, consacrée à des auteurs hispano américains contemporains.
Mardi 6 juillet à 18h30
Lieu : Maison de l’Amérique Latine en Rhône-Alpes, 2 rue Lainerie, 69005 Lyon, 04.78.30.14.08
Cette adresse email est protégée contre les robots des spammeurs, vous devez activer Javascript pour la voir. , www.maison-latine.com
Según contestaba Ednodio Quintero, en enero pasado, a Carles Geli para Babelia (suplemento literario de El País), “el idioma es un instrumento descuidado por todo el mundo; el escritor tiene que darle cuentas no al mercado sino a Cervantes y a la propia lengua, ayudar a crear un idioma, con un léxico propio y construcciones de forma particular…”. ¿Un estilo? “No, va más allá lo que quiero decir… Y después, morirse: mi pacto fáustico sería ése”.
La edición francesa no podía ignorar más al señero escritor venezolano, seguramente uno de los más importantes de su generación, que asume la herencia de Kafka, Borges y Cortázar – la realidad no es sino una modalidad del sueño, el cual nos infunde los juegos formales más refinados, cuyas reglas y trampas el escritor desenmaraña por nosotros –, a la vez que se libera de ella armando su propio universo: un mundo lleno de ritos y mitos, que nos cuenta con su personalísima voz.
En sus cuentos, el mundo es hostil, convierte nuestra vida en una mala batalla o en diminutas tragedias. La búsqueda de las causas últimas es vana, y apenas se evocan: pero sí queda un punto de vista o un ángulo de visión que nos conceden las circunstancias o nos brinda el azar, igual que a sus personajes de infausto destino.
Solitarios o acompañados, en la soledad o en esa unión de seres que se nos ocurre a veces llamar ‘amor’, sus personajes nos ofrecen el posible espejo de su monólogo interior, del que la estrecha hendidura del yelmo podría ser una metáfora.










